"El conocimiento es
uno de los pocos bienes que crece a medida que se comparte"
Los
beneficios obtenidos en tratamientos hidrotermales no dependen exclusivamente del elemento agua, sino de una multiplicidad de estímulos químicos, físicos
y biológicos.
Los efectos químicos se encuentran relacionados con las substancias que posea el agua, que al estar en contacto con la piel, pasan por ósmosis al torrente sanguíneo.
Los efectos físicos se deben mayormente a la temperatura del agua, dado que ésta produce una vaso dilatación periférica con la cual se mejora la la oxigenación de los
tejidos en la zona tratada y liberación de substancias que producen un efecto antiinflamatorio y calmante del dolor, con relajación muscular,
provocando sensación de bienestar.
Por otra parte, cada sector del cuerpo humano tiene reacciones
internas, fisiológicas que le son propias, como una mayor o menor red de capilares sanguíneos, reacciones nerviosas, componentes químicos de los
tejidos, etc. Por esta razón, por ejemplo, los pies sienten caliente un baño que para el tronco es indiferente.
Los efectos biológicos están dados por bacterias y pequeñísimos vegetales (aunque no presentes en todas las aguas termales). Las bacterias halladas, son en su mayoría
no-patógenas, es decir incapaces de producir enfermedades, que incluso compiten con las que producen enfermedades, impidiendo su desarrollo.
Relacionando con esto surge la duda de muchos lectores... Sería
posible el contagio de enfermedades en una piscina de agua termal?
No necesariamente, por cuanto el riesgo de contagio es igual al
que se tiene en otros ámbitos de la vida cotidiana. Algunas enfermedades de impacto visual negativo, como el acné,
eczemas, psoriasis, etc no son contagiosas y otras como hongos,
parásitos, etc, mueren al contacto con el agua, porque esta tiene efectos bactericidas y fungicidas.
Ext.
del libro “Ni magias, ni milagros” de
Agustin
Francisco Gibert.
Ed.
del Litoral. Argentina ,1999.
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