Gracias a las metódicas campañas de excavación de toda la cuenca mediterránea se está descubriendo parte del incalculable esplendor que rodeó a estas multitudinarias instalaciones; un patrimonio histórico-artístico y arqueológico escasamente citado por los historiadores clásicos. Nos encontramos ante un fenómeno sociocultural que rebasa los límites de la historiografía, pero que todavía está por investigar con detenimiento.
Por ello, a pesar de que somos conscientes de la existencia de un número considerable de centros termales durante la Protohistoria y, más concretamente, en el Imperio Romano, únicamente hemos podido localizar ocho instalaciones, que se hallaban en pleno apogeo en tiempos de Adriano (74-138): Hierápolis (Pamukkake), en Anatolia; Hamman Meskkoutine (Argelia), en Mauritania; Alhama (Granada) en Baetica; la Malahá (Granada), en Baetica; Caldes de Motbui (Barcelona), en Tarraconense; Caldes de Malavella (Gerona), En tarraconense; Fountaine de Vaucluse (Provenza), en Narbonensis, y Vals de Bains (L´Ardéche), en Lugdunensis.
Cada uno de los citados manantiales, por sí solo, es merecedor de un estudio, si bien hemos considerado, por su interés, presentar con mayor detalle, uno de los manantiales termales de la mítica ciudad de Hierápolis, coronando la blanca cumbre de Pamukkale, en el corazón de Asia Menor (Anatolia), entre Capadocia y la costa del Mar Egeo (Turquía), los cuales, por sus singulares características geológicas, hidrológicas, arqueológicas, arquitectónicas, paisajísticas, etc., y sobre todo por tratarse de los más importantes hasta la fecha descubiertos en la Antigüedad Clásica, condensan extraordinariamente bien este tipo de instalaciones concebidas meticulosamente para la curación e higiene del cuerpo humano.
En el interior de Turquía, a mitad de camino entre Capadocia (Anatolia) y las turquesas aguas del Mar Egeo, se encuentran las más espectaculares formas calcáreas travertines (sedimento generalmente calcáreo, que dejan algunas aguas) del mundo, resultando de la constante brotar del agua del subsuelo en forma de géiser. Alrededor de este natural complejo geológico fue creciendo una importante urbe conocida como Hierápolis, desde la colonización griega, aunque los restos arqueológicos más impresionantes son obra de los romanos. Aquí, según dice la historia, fue martirizado San Felipe, el lugar, elevado a modo de nido de águilas, actualmente se conoce como Pajuela, que en turco significa " castillo de algodón".
Si consideramos la historia de Pamukkale según los resultados de las excavaciones de los arqueólogos austríacos y turcos que están trabajando aquí desde más de una década, las primeras civilizaciones que se instalaron en esta región fueron los hititas (siglo XII) a. de J.C.); después los frigios (s. X a. de J.C.) e inmediatamente después los lidios. También los persas alcanzaron la zona occidental de Anatolia, dominando la región durante los siglos VII a. de J.C.
Hierápolis-nombre que tomó la ciudad a partir del siglo II a. de J.C. fue creciendo alrededor de los manantiales durante la ocupación griega; pero fue en la época romana, a partir del año 129 a. de J.C., cuando las generosidades de la naturaleza comenzaron a ser explotadas, como se pone de manifiesto a tenor de los sorprendentes edificios termales que aún se conservan.
Las termas de Hierápolis son, sin duda alguna, las más importantes de la civilización romana; incluso sobrepasan en tamaño a las que Agripa (63-12a de J.C.) mando construir en Roma, y a las que Antonino Pío (86-161) en la ciudad de Cartago.
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