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La consolidación del turismo en torno a los balnearios.

A medida que avanzaba el S.XIX, las visitas a los centros termales - utilizados hasta ese momento por motivos casi exclusivamente terapéuticos - se fueron convirtiendo en excusas para viajar y visitar una región o un país. Lozato-Giotart (1990) sugiere que de este hecho surgió una moda nueva que transformó numerosos municipios con recursos termales en "centros de recreo".

En base a esto, se podría definir el "TURISMO BALNEARIO" como todos aquellos desplazamientos realizados en el tiempo de ocio - así como la estancia durante un periodo de tiempo- hacia aquellos establecimientos con un equipamiento especializado que utilizan el agua -en sentido genérico: natural, de mar, termal...- como medio o procedimiento para tratar las dolencias físicas o realizar tratamientos integrales de la salud y que ofrecen, además, servicios complementarios de ocupación del tiempo libre y de recreación.

El turismo balneario utiliza un recurso natural: el agua, en cada una de las múltiples variedades que ofrece la naturaleza, sea termal, natural, medicinal, procedente del mar...etc.

Junto a los centros termales tradicionales, aparecieron construcciones "ex novo" de edificios de baños que en la mayor parte de los casos se fundían orgánicamente en el paisaje aprovechando los entornos naturales y sus recursos en beneficio propio. A partir de las primeras instalaciones se fue incorporando un equipamiento recreativo de carácter urbano que propició una gran expansión de estos núcleos y así, a punto de entrar en el S.XX, se convierten en verdaderos "centros del ocio", "destinos del tiempo libre", "ciudades de vacaciones".

Estos nuevos enclaves nacen como clara alternativa a la ciudad industrial, como una búsqueda del clima ideal y del paisaje privilegiado por parte de la nueva burguesía, como lugares de descanso y de retiro, como "dependencias urbanas". Las formas de vida, las comodidades y las costumbres propias de la ciudad se trasladan al campo, en donde se ubican los renovados establecimientos balnearios.

En la segunda mitad del S.XIX asistimos al nacimiento de una nueva actividad económica: la organización de los viajes y de las vacaciones consecuencia, como ya se apuntó, del incremento del tiempo libre para sectores cada vez más amplios de trabajadores urbanos. Surgen asociaciones y organizaciones turísticas, instituciones públicas y nuevos servicios vinculados a esta actividad relacionada con el ocio, cada vez más intensa.

Y con ello el desarrollo del aparato de la inversión inmobiliaria en estas áreas de la mano de sociedades y grupos financieros de las nuevas ciudades que sustituyen a la débil iniciativa local. Paralelamente, los municipios que acogen estos destinos balnearios para el ocio suelen establecer las reglas de edificación para ordenar el crecimiento urbano y delimitar las actuaciones con estudiados planes. Para dar respuesta a la creciente demanda, tanto la administración pública de cada país como los inversores procedentes de la burguesía enriquecida de la ciudad tomaron interés en los nuevos destinos de moda: las "villes d´eau" o "villas termales" que habían surgido tímidamente en el S.XVIII, multiplicándose y consolidándose en pocos años en el resto de Europa.

Eran núcleos de población que nacieron a partir de un recurso natural: el agua termal o medicinal, y se expandieron impulsados por el fuerte incremento en la afluencia de visitantes lo que las convirtió en pequeños núcleos especializados en el tiempo libre. El pretexto era el cuidado de la salud a través de la aplicación de esta agua, además del descanso y el recreo. De centros exclusivos de retiro vacacional para la aristocracia y las altas clases burguesas se evolucionó hacia centros de mayor espectro social, generando mayor expansión de la edificación residencial y por lo tanto mayor impulso económico urbano.

Para disciplinar la actividad edificatoria, más intensa hacia finales del S.XIX, en muchos casos las administraciones municipales redactaron planes de ampliación y expansión del casco urbano. La mayor parte de los desarrollos de estos enclaves tuvieron lugar de manera planificada y controlada por las administraciones locales que a menudo establecían acuerdos con las sociedades privadas. La intervención de la administración pública en la reglamentación urbana fue, en la mayor parte de Europa, muy intensa respecto a los nuevos destinos de moda, planificando la expansión urbana, realizando infraestructuras básicas, habilitando espacios públicos, áreas ajardinadas envolventes... o promoviendo la construcción de equipamientos turísticos básicos como hoteles y restaurantes. En algunos países como Italia existieron "comités ciudadanos" encargados de la gestión del turismo, compuestos por representantes de los hoteleros, industriales, comerciantes...etc. Otro ejemplo es la Ley de 1926 en Italia de "medidas para la tutela y el fomento de los lugares de cura, de descanso y de turismo".

En muchos de estos lugares, tanto el desarrollo de las infraestructuras viarias como el ferrocarril fueron elementos que impulsaron definitivamente la expansión urbana.

Alberto Luis Gómez (1987) en sus trabajos sobre los balnearios de Cantabria atribuye gran protagonismo al "movimiento higienista" que apareció en Europa hacia mediados del S.XIX. como el verdadero promotor de los tratamientos en los centros balnearios. Estos desarrollaron sus ideas dentro de un contexto social de expansión y gran crecimiento de las nuevas ciudades industriales en Europa caracterizadas por las grandes concentraciones de trabajadores, la aparición y multiplicación de barrios obreros insanos e insalubres, y el mantenimiento de unas condiciones de trabajo abusivas en los establecimientos fabriles. La "corriente higienista" pretendió dar respuesta a esta situación proponiendo diversas medidas que podían contribuir a la mejora de la salud y de las condiciones de vida de la población desde el punto de vista médico. De esta forma, el mismo autor sostiene que dieron gran impulso a las estancias en los balnearios como lugares terapéuticos.

Se puede afirmar que durante la segunda mitad del S.XIX y los primeros años del S.XX, los balnearios - tanto termales como de mar - constituyeron no sólo auténticos "oasis de salud" sino también de bienestar y entretenimiento para un sector cada vez más creciente de la sociedad europea.

 

 

Autor: Lic. Rosa Cibeira Moreiras
* Licenciada en Geografía e Historia. 
* Maestría en "Gestión pública del turismo: sostenibilidad y competitividad”
* Doctorado: Programa bianual “Análise territorial e organización do espacio en Galicia”.

 

   
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